SumarioGanadero
Meseta de Altura, Momentos de Decisión



por Víctor Tonelli*

Durante 2010 y 2011, los precios del ganado para faena crecieron 260 por ciento, en tanto que los correspondientes a terneros para reposición lo hicieron en el 350 por ciento, modificando significativamente los márgenes de las actividades ganaderas. Resultó positivo para la cría y el ciclo completo, de igual modo, aunque con ciertas limitaciones, para la invernada de compra, pero exhibió signos negativos para el engorde a corral.
En este segmento, y parcialmente también para la invernada de compra, la mayor restricción se reflejó en el costo de reposición o diferencia de compra-venta, con niveles que prácticamente convertían en inviable casi todo tipo de modelos de engorde.
La asimetría de rentabilidad para los distintos modelos productivos estaba vinculada, precisamente, con la diferencia de compra-venta que surgía del crecimiento dispar entre la hacienda de reposición y el ganado gordo para faena.

Durante 2010 y 2011, los precios del ganado para faena crecieron 260 por ciento, en tanto  que los correspondientes a terneros para reposición lo hicieron en el 350 por ciento, modificando significativamente los márgenes de las actividades ganaderas. Resultó positivo para la cría y el ciclo completo, de igual modo, aunque con ciertas limitaciones, para la invernada de compra, pero exhibió signos negativos para el engorde a corral.

En este segmento, y parcialmente también para la invernada de compra, la mayor restricción se reflejó en el costo de reposición o diferencia de compra-venta, con niveles que prácticamente convertían en inviable casi todo tipo de modelos de engorde.

La asimetría de rentabilidad para los distintos modelos productivos estaba vinculada, precisamente, con la diferencia de compra-venta que surgía del crecimiento dispar entre la hacienda de reposición y el ganado gordo para faena.




El costo de reposición que surge de la relación entre el precio neto (índice de reposición neto) que se obtiene al cobrar lo que se vende y el monto neto que demanda renovar cada kilo vendido, incluidos todos los gastos, fue creciendo a medida que este valor se fue alejando de los  registrados para animales de faena, alcanzando un promedio de 1,42:1 a lo largo de 2011.

Con esta relación, los feed lots -que en 2008 y 2009 habían alcanzado entre el 35 y el 40 por ciento del total de cabezas faenadas- disminuyeron significativamente el nivel de encierre y la participación descendió a menos del 25 por ciento. La razón de este desfase hay que buscarla en la fuerte caída en la producción y también en la oferta a mercado de los terneros destetados durante 2010 y 2011.

La producción de terneros de 2010 se mantuvo ligeramente por encima de los 12 millones y la de 2011 no superó los 11,8 millones. Hay que recordar que provenían de los servicios de 2008 y de 2009 y se concretaron en el marco de intensas sequías y el fuerte desánimo generado por las políticas públicas, que mantuvieron precios deprimidos y peores márgenes para los criadores. Un dato revelador de la significativa caída en la producción reside en que el promedio de terneros destetados por zafra, entre 2004 y 2009, fue superior a los 14 millones.

A este derrumbe debe sumarse la sostenida conservación de terneras para reponer los rodeos diezmados y la importante retención efectuada por criadores y productores de ciclo completo, que terminaron por reducir sustancialmente el total de animales ofrecidos.

El principal indicador del proceso de retención se puede observar en la participación de hembras sobre el total de cabezas faenadas. El siguiente gráfico ilustra cómo se pasó de un proceso de fuerte liquidación a partir de las políticas de intervención de los mercados desde finales de 2005 hasta 2009, cuando las hembras participaron prácticamente en el 50 por ciento de la faena, a niveles del 35 al 38 por ciento a lo largo de 2011, tocando el otro extremo del péndulo.




Recuperación


2012 es el tercer año desde que se inició la recuperación y posterior suba de precios y cambios en el índice de reposición de ganado para faena. El proceso de retención de hembras continúa en un nivel muy alto, permitiendo, a medida que el tiempo pasa, la recuperación de los rodeos y como consecuencia, la posterior recomposición de la oferta.

Los servicios de la primavera de 2010 y los de otoño de 2011, se concretaron con niveles de precios de terneros parecidos a los actuales. Se utilizaron todos los vientres disponibles, de la dentición que fuere y dando nuevas oportunidades a vacas y vaquillonas falladas en servicios precedentes y, en muchos casos preñando vaquillonas prematuras, aún las que se encontraban en proceso de engorde en los feed lots. En este sentido, el dato más contundente es que se pasó de una faena de vaquillonas del 17,5 por ciento sobre el total de faena durante los primeros meses del decenio 2000/2009, al 14 por ciento en  2010 y apenas al 8 por ciento en 2011.

Este cambio implicó que, en la segunda vacunación de 2011, se verificara un crecimiento en el número de terneros vacunados de 800 cabezas respecto al mismo período de 2010. Si bien hasta mayo de 2012, SENASA no había publicado las existencias reales al mes de marzo (lo viene haciendo hace años), podría estimarse en un número parecido el total de terneros destetados en  2012.

Ese incremento, junto con una disminución en la retención de terneras y terneros por parte de los criadores, ha generado una mejora en el número de terneros efectivamente disponibles para la venta en lo que va del año en curso.

Paralelamente, la notable caída de los encierres del feed lot, motivada por la quita de los subsidios y el fuerte crecimiento de la relación de reposición, que inviabilizaron buena parte de los modelos de engorde, generó una merma considerable en la oferta de ganado para faena durante el primer semestre de 2012.




En la línea roja del cuadro se observa una recuperación en los niveles de encierre que coinciden con la época de “rellenado” de los corrales, pero además por la existencia de un cambio importante en la relación de compra-venta.

Así como se observaba en el gráfico 1 que el incremento de precios de la invernada había superado a los del ganado gordo para faena durante los primeros meses de 2012, la situación comenzó a revertirse, como consecuencia de una mayor oferta de terneros y, al menos durante el primer semestre, una menor disponibilidad de ganado para faena proveniente de feed lots. Por lo demás, debido a la sequía y los fuertes calores de diciembre de 2011 y enero de 2012, los engordes pastoriles también sufrieron retrasos que afectaron el abastecimiento durante el primer cuatrimestre de este año.




A partir de los cambios señalados, los precios de los terneros (invernada) y de los novillitos (gordos a faena) se comportaron en forma diferente, generando un cambio en el índice de reposición que se volvió nuevamente favorable al proceso de engorde de compra, tanto para la invernada pastoril como para los feed lots, los que efectivamente comenzaron a recomponer existencias en los corrales.

Los cambios verificados durante el primer tramo de 2012 probablemente tiendan a revertirse con cierta moderación para el segundo semestre, en el que habrá menor oferta de terneros de invernada y mayor disponibilidad de gordo para faena, con una participación más activa de los engordes a corral.

El índice de reposición neta, que a lo largo de 2011 se ubicó en 1,42:1, y que para los cinco primeros meses de 2012 se estableció en el 27 por ciento, con una fuerte declinación en abril y mayo, es posible que vuelva a subir por menor oferta de invernada y mayor oferta de gordo, sumado a la recuperación de los encierres.

Lo ocurrido con los precios del ganado, particularmente la estabilización en valores nominales  de los terneros, sumado al constante incremento de costos, ha motivado a muchos productores, operadores y analistas a considerar que entramos en un período de deterioro del negocio ganadero, básicamente la cría. Ello contribuye a generar, sin intención obviamente, un clima poco propicio a las inversiones y puede volver a limitar la mejora de los ratios de eficiencia y productividad.

En tal contexto, se advierte la vigencia de una suerte de Meseta de Altura. Porque, al menos para la cría, se registra un amesetamiento de precios de venta de los terneros, pero en altura, porque se produce con precios buenos y rentables para la actividad; situación totalmente diferente a la que experimentó en el período 2007-2009.


Momento de decisión


Es cierto que los productores y al menos el 44 por ciento de los ciudadanos que no votaron al actual Gobierno, se encuentran abrumados por crisis externas, pero sobre todo por la falta de señales positivas a través de las políticas públicas, en las cuales se mezclan irrazonables, aunque previsibles, impulsos de juventud sin experiencia, junto a fundamentalismos que sostienen las mismas políticas que nos han llevado a la situación actual, al menos en la ganadería.

Esta niebla, que no permite ver con nitidez el camino, conduce a muchos ganaderos a no distinguir con claridad el marco político y económico de la realidad del negocio específico, al que le impacta el escenario pero que tiene características diferenciadas.

Es cierto que el horizonte que plantean las políticas públicas a largo plazo no resulta estimulante, pero no es menos cierto que se presentan oportunidades para los distintos modelos de producción pecuaria.

Para la cría, realizada mayoritariamente en campos naturales, los costos directos impactan entre un 10 y 20 por ciento en los ingresos netos por lo que aún con subas importantes, el deterioro del margen no alcanzará el efecto que tiene en sistemas más intensivos.

La invernada de campo, en la que los costos directos de producción participan entre el 35 y el 45 por ciento en los ingresos netos, cuentan como beneficio con dos elementos que tendrán una evolución positiva: la mejora en el costo de reposición a medida que se incremente la producción y oferta de terneros y el bajo precio neto en el campo del maíz de propia producción sobre la base de retenciones y restricciones a la exportación, e incremento de costos comerciales.

Para el ciclo completo, en el que los costos directos representan entre un 30 y un 40 por ciento,  el impacto del incremento será mayor, pero tiene la ventaja de balancear el modelo, integrando el resultado de cría, con baja proporción de costos directos y con el  resultado de la etapa de invernada, que se beneficiará con una mejor relación de reposición.

Para el feed lot, si bien los costos de producción son muy altos por tratarse de una actividad súper intensiva, contará con los mismos beneficios futuros que se mencionaron para la invernada de campo, potenciada por la alta participación del costo del maíz en la alimentación y de ésta en los costos directos totales.

2012 y seguramente 2013 serán muy buenos años para la ganadería con diferencias entre modelos productivos, aunque, en su conjunto, más balanceada entre los eslabones, pese al escenario político y económico que nos abruma.

La recuperación de la oferta será lenta y merced a ello, el desfase entre ésta y la demanda mantendrán precios altos, aún cuando se deteriore el poder adquisitivo de los consumidores.

El mercado internacional sigue siendo muy bueno, ya que si bien hay deterioro en los requerimientos y los precios de Europa, nuestro principal cliente, no es menos cierto que los países en desarrollo siguen demandando carne vacuna en niveles que la oferta no alcanza a satisfacer.

Podría decirse que el mercado internacional poco impactará en la formación del precio de nuestro ganado en tanto las políticas públicas restrinjan su acceso. En tal sentido, este autor, con su  natural y perseverante cuota de optimismo, visualiza cambios que se orientan hacia una reducción de limitaciones a las exportaciones (mayor agilidad en entrega de ROE´s; probable distribución de la nueva Cuota Hilton en tiempo y forma y reducción de la proporción de “barata” para acceder a las exportaciones).

En las condiciones de las cotizaciones actuales, esta realidad no se puede verificar en tanto el valor de los cortes exportables (excluyendo el rump & loin) y el delantero a Israel, neto de retención a las exportaciones (15 por ciento) y del costo que representa la demoras en la devolución del IVA exportador, son menores a los existentes en el mercado interno, con un costo sensiblemente menor de producción y comercialización.

En el marco de una inflación que podría alcanzar o superar el 30 por ciento anual, el incremento de los costos irá deteriorando los márgenes. Frente a este hecho inevitable, el único mecanismo que puede neutralizar esta merma es la mejora en la productividad y la eficiencia. Para ello cada productor deberá plantearse cómo mejorar sus índices productivos, sin perder de vista la ecuación costo-beneficio. Afortunadamente la relación de precio de venta de nuestros productos y de costo de los insumos o bienes que permitirán alcanzar mayores niveles de eficiencia continúa siendo muy favorable, si la comparamos con el promedio registrado durante años. Merced a esta oportunidad, que seguramente también resultará afectada tarde o temprano, no convendría detenerse en las noticias que día a día nos agobian, y realizar las inversiones que permitan defender niveles de rentabilidad, asegurándolos en el tiempo.

No estamos en los índices de beneficios de los dos años precedentes, al menos en la cría. No obstante, seguimos con buenos valores relativos. Prolongar en el tiempo esta situación y conferirle sustentabilidad a los modelos productivos depende en buena medida de los propios productores.

Podemos optar por caer en la poco feliz comparación respecto de cómo estábamos el año pasado (parámetro irrepetible) y nos dejamos deprimir por un escenario poco estimulante o decidimos aprovechar la buena relación de intercambio entre precio de venta y costos de insumos para asegurar nuestro futuro.

Pocas veces en la ganadería se dan momentos claves como los que estamos viviendo.


*Consultor en Ganados y Carnes


 


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