SumarioGanadero
¿Otra Vez Sopa?


por Victor Tonelli

“Expresión de la inefable Mafalda , que solemos usar cuando se reiteran momentos de insatisfacción”

Han pasado 3 años desde el momento de la mayor caída del stock que se recuerde. A partir de allí, la recuperación de los precios y la rentabilidad generaron un fuerte estimulo en el sector ganadero. En este trienio, la retención de hembras, la recuperación del stock vacuno y la mejora en los procesos productivos mostraron la reacción de los productores, estimulados por los precios y las expectativas.
Durante ese período, tras la pérdida de 10 millones de cabezas, se recobraron cerca de 3,5 millones de ellas y se incrementó en un 10% el número de vientres y terneros logrados. Lamentablemente, resultó un tiempo muy exiguo en los términos de un negocio que pareciera entrar nuevamente en un cono de sombra, que genera más dudas que certezas.

Consecuencias del cambio de expectativas

La marcha de la economía y la gestión del Gobierno aportan un marco poco propicio al optimismo, a las inversiones y a seguir apostando al crecimiento de la producción.

Haciendo foco en el negocio, el crecimiento de la oferta, tanto en invernada como en gordo, acompañado de una caída en las exportaciones, ponen todo el peso del negocio en el mercado interno que, adicionalmente, no deja de absorber crecimientos igualmente significativos en la oferta de carne de las otras especies. En efecto, al analizar la oferta total, se puede observar el crecimiento  destinado al consumo interno, que en el primer trimestre de este año proyecta  115 kg/habitante/año, cifra que supera en un 15% la media histórica. Como elemento adicional se menciona que, por primera vez en la historia, el vacuno participa en cerca del 50% del total de consumo de carnes.

Al anualizar el actual consumo, se observa que la carne de pollo alcanza los 42 kg., la de cerdo 9 kg. y las otras carnes (ovino, caprino) apenas 1,5 kg.



El crecimiento de la oferta de estas últimas, particularmente la de pollo, ha sido el resultado de un trabajo consistente y constante de dicha cadena. Desde hace más de una década, cuando se fijaron metas estratégicas, ha duplicado el volumen de producción. En dicho lapso,  se incrementó el consumo interno de 18 a 42 kg/habitante/año y pasó de ser importador a exportar, en el último año 336 toneladas peso carcasa (80% más que lo exportado de carne vacuna).

La carne de cerdo también muestra una tendencia de crecimiento impulsada por la suba en el precio de la carne vacuna de los últimos años y apunta a crecer un 25% en los próximos 2 ó 3 años. Frente a este panorama, el incremento del stock y de la oferta previsto para los próximos 2 años (irreversibles por procesos en marcha) sin aumento de las exportaciones, generará excesos de producto en el mercado interno y por lo tanto precios a la baja.

Previsiones

Si bien es cierto que el porcentaje de faena de hembras comienza a ubicarse en un punto de equilibrio (cercano al 42%), el efecto residual de la retención de terneras, vaquillonas y vacas de los últimos 3 años permitirá continuar con el crecimiento del stock que, al finalizar el 2015, debería ubicarse entre los 53,5 y 54 millones de cabezas, recuperando cerca de 55 al 60% de la pérdida contabilizada entre  2007 y 2010.



Con esta evolución, se estima pasar de 2,6 millones de toneladas res con hueso producidas en 2012, a cerca de 2,85 millones de toneladas al finalizar 2015.

El consumo de carne vacuna para este año rondaría los 61,5 kg por habitante/año debido a un incremento de la oferta de 100.000 toneladas/ res con hueso y una exportación que, en el mejor de los casos, repetiría la perfomance del año pasado. Para 2015, la oferta total se incrementará entre 200 y 250 mil toneladas res con hueso que, si no es acompañada por un similar crecimiento en las exportaciones, llevaría a un consumo en el mercado interno equivalente a 67 kg por habitante/año. Esto sería un verdadero desastre, considerando que las otras carnes continuarán en similares o mayores niveles de oferta que los actuales.

¿Qué cabe esperar de la demanda exportadora?

De acuerdo con los indicadores de las entidades de mayor relevancia (Banco Mundial, FAO-OCDE, USDA, FAPRI), la demanda global de carne vacuna crecerá cerca del 20% en los próximos 10 años, concentrada en el grupo de países con economías emergentes y en crecimiento. Particularmente los ubicados en Asia, Africa y América Latina.

Los precios, como en el resto de los comoditties, han continuado en alza, acumulando en los últimos 6 años un crecimiento a nivel mundial del 60% en U$S/Tonelada y del 180% en el valor por tonelada exportada en nuestro país. Se espera que, a favor de un crecimiento en la demanda con dificultad de abastecimiento, el precio internacional siga siendo firme.

Las limitaciones que enfrentan  las exportaciones argentinas resultan de carácter estrictamente domésticas y hoy, frente a la voluntad del Gobierno de “no desalentar” las exportaciones, el problema está centrado en un tipo de cambio neto, que quita competitividad frente a crecientes costos internos. ¿Es posible que mejore el tipo de cambio exportador, quita de retenciones o devaluación del peso? Nadie puede asegurar cuando, sin embargo la mayoría de los analistas coinciden en que sucederá en algún momento.

Hoy los exportadores reciben alrededor de 4,15$/US$ neto de retenciones, afrontan demoras en la cobrabilidad del IVA exportación y costos por envíos de cortes al mercado interno con precios menores al costo (“baratas”). A un valor neto sin las mencionadas “rebajas”, la mejora en el poder de compra alcanzaría el 20%; suficiente para recuperar competitividad y sin necesidad de devaluaciones o doble tipos de cambio.

¿Será posible que los gobernantes tomen esa decisión que económicamente no tiene mayor impacto en el presupuesto nacional? ¿Es tan fuerte la carga ideológica que, pese a que hoy no se corren riesgos de afectar a la “mesa de los argentinos”, continúe frenando la recuperación de un sector emblemático de la economía? ¿Es posible que sigan desperdiciando las chances de duplicar o triplicar las exportaciones y el ingreso genuino de divisas frente a un mundo demandante,  dispuesto a pagar muy buenos precios?

El tiempo irá respondiendo a estos interrogantes. Más por necesidad  que por vocación, cabe esperar que algo ocurrirá y, finalmente, las exportaciones recuperarán protagonismo.

En el corto plazo

Para 2013, se ha confirmado el crecimiento en la producción de terneros que, de acuerdo a las proyecciones, continuaría creciendo hacia el 2015 en una tendencia parecida a la que muestra el siguiente gráfico.



La oferta de terneros disponibles para invernada con destino a faena crecería aún en una proporción mayor ya que los altos niveles de retención de hembras del 2010 y el 2011 se han ido reduciendo gradualmente en 2012 y más aún durante 2013, volcando los excedentes con destino a engorde.

El precio del ternero, que venía creciendo por encima de los valores del gordo desde principios de 2010 hasta finales de 2012, permitió mejoras importantes en la rentabilidad de la cría, incrementando los costos de reposición de los invernadores y feedloteros. Se aguarda que bajen sus precios y con ello también el costo de reposición y por lo tanto mejorará los resultados de los eslabones siguientes.

En el cuadro siguiente, se aprecia la evolución del mencionado costo de reposición (neto de gastos de compra y venta) que generó pérdidas de rentabilidad en las etapas de engorde, en confinamiento como a campo. Durante buena parte de las últimas tres temporadas, el costo de reposición se ubicó por encima del 30%, con picos del 40 y 50% que tornan inviables  los engordes, especialmente a corral. Para este año, la tendencia parece repetir lo ocurrido en el primer cuatrimestre de 2012, motivando a los engordadores (de campo y corral) a reponer invernada.

Ya conocemos lo que esto generó en la oferta y el precio del ganado para faena en el último cuatrimestre de 2012, razón por la cual los engordadores a corral están operando con mucha cautela y diversificando categorías de compra a los efectos de atomizar el momento de venta, evitando salidas masivas que depriman el precio final. De continuar con esta estrategia, es posible que el temor a una caída de precios como la que vivimos en el último cuatrimestre de 2012 (20% menos de precios) resulte excesivo y la eventual caída no genere las pérdidas que efectivamente ocurrieron en aquella oportunidad.

Con estos antecedentes y precios de las raciones algo más bajos que los vigentes en el segundo semestre del año pasado, deberíamos esperar el siguiente panorama para las tres etapas centrales de la producción:

- Para la CRIA, los precios continuarán a la baja, a semejanza de abril y mayo de este año y los costos seguirán en crecimiento, particularmente los vinculados a personal, movilidad e impuestos, impactando en los resultados con caídas del 20 al 25% respecto de los obtenidos un año atrás.

- Para este sector, el de mayor trascendencia en la cadena (impulsor de la oferta futura), sólo queda recomendar mucha cautela en los gastos prescindibles y clara determinación en continuar con los procesos de mejora de la productividad y la eficiencia. Esto implica concentrar los esfuerzos en las tecnologías que efectivamente mejoren la relación ingresos/egresos, tales como el control sanitario, la mejora genética, la implementación de IATF (Inseminación Artificial a Tiempo Fijo), y destete precoz (cuando se requiera). Para el ENGORDE A CORRAL se espera que el precio de reposición y una baja en los costos de la ración permitan recuperar márgenes de rentabilidad y protagonismo en la oferta de ganado para faena. La atomización en el momento de venta y la mesura en la compra serán imprescindibles para asegurar buenos resultados. Hacia el futuro, se espera que la U.E. otorgue a nuestro país la posibilidad de exportar carne proveniente de novillos engordados a corral, en la cuota especial que permite importarla sin el pago de aranceles. Esto sin dudas tendrá un fuerte impacto en la actividad.



- A su vez, para la RECRÍA y ENGORDE A CAMPO, con y sin suplementación, se espera un año de buenos resultados, fundamentalmente basados en la baja del costo de reposición y en un menor valor neto del maíz “puesto en el campo”, imprescindible para una buena y rápida terminación. Como en el caso de la cría, los gastos fijos se incrementan día a día y deben ser tenidos muy en cuenta a la hora de definir inversiones.

Conclusiones

Con bajos niveles de exportación y hasta que el nivel del tipo de cambio neto permita recuperar competitividad, el peso del negocio estará soportado por un mercado interno que continuará absorbiendo niveles crecientes y excesivos de toda clase de carnes. En esas condiciones, cabe esperar niveles de precios alicaídos, en particular para el sector de la CRIA y un freno en la recuperación del stock.

Ajustando al máximo los gastos prescindibles, los eslabones siguientes pueden mantener niveles razonables de rentabilidad, basados fundamentalmente en un valor accesible de reposición y menores costos en la ración.

Hacia el futuro se espera que algo pasará con referencia al tipo de cambio neto percibido por los exportadores;  lo difícil es predecir  en qué momento ocurrirá.

Cuando las exportaciones recuperen protagonismo, el mercado internacional tendrá las puertas abiertas y es posible reconquistar gradualmente niveles que viabilicen al conjunto de los eslabones de la cadena que hoy y mientras no cambie el escenario, repetirán con Mafalda: “¡otra vez sopa!”


(*) Consultor ganadero


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