SumarioGanadero
Cambio en Las Políticas Agroindustriales

por Victor Tonelli*


2015. Año de elecciones y de fuertes expectativas, en el cual el resultado de las urnas será determinante, pues no resultará inocuo respecto de las políticas vinculadas al campo y, en particular, a la cadena de ganados y carnes.


De producirse la continuidad de la actual gestión, seguramente profundizará la intervención y generará un fuerte desestimulo en la producción y la industria exportadora. En cambio, se prevé que el triunfo de la oposición disparará la vuelta a los mercados y priorizará la iniciativa privada.

Todo parece indicar que lo que resta de 2015 mostrará un escenario complejo en términos políticos. Con un Gobierno que, ante su inminente fecha de vencimiento, no parece dispuesto a hacer una transición de mando ordenada, allanarle el camino a quien lo suceda, ni mucho menos modificar la política que quitó competitividad a la producción y procesamiento de ganado con destino a la exportación y llevó a la sobreoferta de carnes en el mercado interno.

Por otra parte, los mensajes transmitidos por los principales candidatos de la oposición apuntan a adoptar  políticas macroeconómicas propias de una moderna economía de mercado y un  marco institucional amigable para las inversiones. Las  señales positivas que emitan hacia el  mercado, orientadas al mediano y largo plazo, serán imprescindibles para que el sector pueda expresar todo su potencial.

Resultados logrados en 10 años de intervención

Se cumple una década de la puesta en marcha de políticas de intervención en los mercados que, con el argumento de “priorizar la mesa de los argentinos” y aplicando políticas de restricción a las ventas al exterior, logró reducir cuatro veces el volumen de las exportaciones y cinco veces la participación de nuestras carnes en un mercado global que, en el mismo lapso, no ha dejado de crecer.

El daño se vuelve más patético cuando se verifica que la mesa de los argentinos -que jamás estuvo en riesgo-  alcanzó un record mundial de consumo cercano a 118 kg./habitante/ año, con un 50% de participación de la carne vacuna, frente a un mundo que promedió los 41 kg. de carne de todas las especies, con el 25% de participación de la bovina. 

A las restricciones exportadoras, se sumaron los subsidios para la producción de animales engordados en feed lots, con destino a la faena para el mercado interno (2007-2010). Ello derivó en un escándalo de corrupción de tal magnitud que, para “resolverlo”, tuvieron que cerrar la oficina que los otorgaba (ONCCA).  

Con exportaciones sin futuro y  un consumo fuertemente incentivado, el mensaje que recibió el productor fue claro: “si vas a hacer novillos con destino a la exportación, no te garantizo que cuando quieras venderlo haya compradores que te lo puedan pagar a un precio que compense los costos”. Como resultado, el modelo productivo se orientó a la producción de  animales para faena cada vez más jóvenes y livianos, al punto que la participación de terneros y terneras sobre el total de cabezas sacrificadas pasó del 13%  en 2005 (año previo a la intervención del mercado) al 31,1% en 2014.

En el caso de los machos, que en los años previos al cambio representaba el 58% del sacrificio total de los castrados, el cambio fue de tal dimensión que la faena de novillos alcanzó la cifra más baja que se registra en la historia de la ganadería argentina: 31,6%.

La primera consecuencia es la significativa caída del peso medio de faena de los machos, que implica la pérdida, con los volúmenes actuales, de 200.000 Tn/año,  cifra con la que podríamos haber exportado el doble, sin quitar un solo gramo a la mesa de los argentinos. La segunda consecuencia tiene que ver con el stock y la disponibilidad actual y futura de novillos; la materia prima de calidad emblemática destinada a las exportaciones, que las compromete seriamente.

A fines de 2005, el stock de novillos era de 6,5 millones de cabezas, mientras que a marzo de este año acumulaba sólo un 60% (2,75 millones). La caída representará una fuerte limitación de oferta de materia prima al momento que las exportaciones comiencen a recuperar el protagonismo registrado históricamente. Hoy, los embarques de carne vacuna apenas representan el 7%, cuando históricamente representaba una media del 18%. La situación se agrava al observar un incremento significativo de campos que han abandonado la trazabilidad con destino a exportación, reduciendo aún más la oferta de materia prima para ese destino.

Para terminar de definir el escenario de la oferta actual y futura de carne vacuna basta mencionar la merma del stock de cabezas. Entre 2005 y 2007, promediaba los 58 millones de cabezas; hoy, se encuentra ligeramente por encima de los 51 millones. Para los próximos dos años no cabe esperar grandes cambios. De ese modo,  la oferta a faena se mantendrá en los niveles de 2014: entre 2,75 y 2,8 millones de Tn (450/500 mil Tn menos que en 2005, año previo a la intervención de los mercados).

¿Qué puede esperarse para 2015 y 2016?

Con un stock amesetado y con los niveles más bajos conocidos de oferta de novillos con destino a las las ventas a otros destinos, la expectativa que genera el posible cambio de gobernantes y de políticas vinculadas con las exportaciones,  serán determinantes respecto de lo que ocurrirá en el mercado, tanto para el año en curso, como para 2016, ya en manos de otra administración.

Durante el primer semestre de este año. la demanda ha estado bien abastecida, debido a un incremento del número de animales enviados a la faena, provenientes del mayor stock encerrado en los corrales y una oferta más abundante, proveniente de campos con suplementación de grano propio. Todo ello, como consecuencia del alto costo de reposición (costo neto compra de terneros sobre valor neto de gastos del gordo a la venta) y la excelente relación carne/grano, que forzó el aumento de peso y mantener más tiempo los animales en engorde, para neutralizar la pérdida de la relación compra/venta.

Con un consumo interno afectado en su poder adquisitivo y una oferta generosa, hasta los meses de julio/agosto no debiera esperarse cambios de precios significativos para categorías destinadas a faena con destino exclusivamente al mercado doméstico (animales jóvenes y livianos).

La exportación, que continuará con un tipo de cambio poco competitivo (oficial, menos 15% de retenciones) y márgenes muy ajustados, tendrá como contrapartida una oferta escasa, a la que se le suma la caída adicional de animales trazados. Como consecuencia, el poder de compra de los frigoríficos exportadores dependerá exclusivamente de los precios que reciba de los principales mercados, actualmente afectados por la revaluación del dólar sobre sus monedas, en particular en Rusia, Venezuela y la Unión Europea, que representan más del 60% del valor total comercializado. Por lo ocurrido en el primer semestre de este año, lo peor ya pasó y se espera que a medida que avance el año los precios internacionales se irán recuperando, el problema es que el valor neto recibido en las cuentas bancarias de la Argentina seguirá siendo insuficiente, hasta que efectivamente se reduzca o elimine la “brecha” en el tipo de cambio neto.

Para la segunda mitad de 2015, deberíamos esperar una recuperación de los valores del ganado liviano destinado al consumo, como consecuencia de un menor ritmo de encierre en corrales, limitado por una relación de precio invernada/gordo (costo de reposición), que limita la compra por parte de los feedloteros, una seca inesperada en una importante región ganadera y, sobre todo, la posibilidad de un eventual cambio de políticas hacia la cadena de ganados y carnes. Aquí es donde las expectativas tendrán un fuerte impacto en la decisión que irán tomando los distintos eslabones de la producción.

Imaginemos el siguiente escenario: Si la oposición gana las elecciones, se espera la reducción/eliminación de la brecha cambiaria, que, de por sí, imprimiría competitividad a la actividad exportadora.

Cuando se analizan las propuestas de cambio de los principales candidatos de la oposición con referencia al sector de carnes vacunas, se percibe una clara determinación de reinsertar el producto en el mundo, como el estímulo de mayor trascendencia que dispare el incremento de la producción y la productividad de la cadena, en todos y cada uno de sus eslabones.

A medida que la oposición vaya definiendo las candidaturas, las encuestas permitan delinear los potenciales ganadores y se consolide una propuesta con políticas que devuelvan la competitividad exportadora, los productores comenzarán a prepararse para el cambio.

En esta línea, los criadores priorizarán la retención de terneras para madres, terneros con destino a exportación en 2016 y vientres preñados, para contar con mayor número de crías en la zafra del nuevo gobierno. La retención de terneros/as reducirá la oferta de invernada, que además de la demanda del engorde a corral, tendrá más requerimientos de invernadores pastoriles, a los que se sumarán agricultores que reemplazarán siembra de cosecha fina por verdeos de invierno con suplementación de grano propio. La ecuación de menor oferta y una demanda activa con protagonistas que estarán esperando ventas para 2016, mantendrá firmes los valores de la invernada.

Finalmente, con buenos precios para la vaca de rechazo y valores firmes de la invernada los vientres tendrán un mercado con demanda en crecimiento gradual, por encima de la oferta. Ello generará un incremento en los valores, tanto de vientres preñados con de terneras y vaquillonas de reposición. Se debe advertir que, cualquiera de estas categorías, generará productos para la venta a partir de 2016.

En ese contexto, debería esperarse un crecimiento creciente de las recrías de terneros, que se terminarán encerrando con más de 300 kg. a fines de 2015 y el primer semestre de  2016. Esta innovación en el modelo productivo, que se irá incrementando a medida que se confirme el cambio de políticas públicas, llevará consigo una caída de la oferta de terneros gordos y eventualmente de novillitos con destino al consumo interno. Como consecuencia, se irá incrementando el valor de los animales para faena en todas las categorías, desde liviano hasta pesado y mi previsión es que se acelere al inicio del último cuatrimestre de este año.

Por lo demás, no se puede subestimar el crecimiento continuo y consistente de la demanda internacional, que crece a un ritmo superior a la posibilidad de ser abastecida adecuadamente por los países productores con precios que, salvo algunos mercados, siguen siendo muy atractivos. Hay que aclarar que, cuando se habla de precios bajos, no se hace referencia al valor CIF pagado por el exportador, sino a la cantidad de pesos, convertidos por un dólar 40% por debajo del dólar bolsa, que al tipo de cambio real.

Más allá del resultado de la elecciones de Octubre, el mercado percibe que habrá cambios, con matices diversos según quién resulte ganador, pero que devolverán competitividad a las exportaciones y con ello al sector de ganados y carnes, entre otros.

En ese panorama, la disponibilidad de novillos (materia prima esencial del comercio internacional) que es un problema para los exportadores, representa una oportunidad para los ganaderos. Sólo para cumplir con las 30.000 Tn de Cuota Hilton se requiere faenar 1,5 millones trazados, que cumplan con el protocolo respectivo (20 kg por cabeza), agreguen los que irán a la “481”, más los que tendrán un buen destino en EEUU/Canadá con altas chances de estar disponibles en 2016, además de otros mercados en crecimiento. Aquí viene la pregunta del millón: ¿de dónde van a salir los novillos?

De cara a ese cambio, todas las categorías tendrán su oportunidad:

Cría. La oferta de terneros prevista para 2015, servicio 2014 aún con mejores preñeces que las de 2013, parten de un stock de 22,2 millones de vientres que, con el 62% de marcación estarían dejando 13,8 millones de terneros, una cantidad similar a la de 2014 y unos 700 mil más que los de este año. Frente a un cambio de modelo productivo, con mayor retención de hembras y recría de machos por una parte de los criadores y recriadores, la cantidad de terneros disponibles en el mercado resultará escasa frente a una demanda tonificada y, por lo tanto, los precios de los terneros y de los vientres preñados se mantendrán en alza y firmes.

Recría. Será la base de oferta futura de novillos, con precios firmes, que estimularán su producción. Hasta este año, con exportaciones al mínimo y bajo poder de compra, el valor del novillito recriado estaba tan deprimido respecto del precio del ternero que muy pocos los producían. Con los cambios que se esperan, la recría y venta de novillitos probablemente representen las mejores oportunidades de negocio para los próximos años.

Engorde. Tanto a campo con suplementación como a corral, las categorías para faena tendrán asimismo precios firmes, ya que para exportación la demanda superará a la oferta y la retención para pasar de ternero a novillo, también fortalecerá los valores de los productos destinados al mercado interno.

Reproductores. Los buenos precios esperados para todas las categorías tonificarán la demanda y la cotización de los reproductores, tanto machos como hembras.

En definitiva, de producirse los mencionados cambios, el sector accederá a una buena oportunidad para crecer, recuperar productividad  y rentabilidad.



Si el precio sube, la pregunta es inevitable: ¿qué sucederá con los consumidores y la opinión pública?

Con casi 118 kg de carnes de consumo anual promedio para cada uno de los 41,5 millones de argentinos, el consumo de este alimento vital está fuera de correr riesgo. De hecho, hoy el promedio mundial de todas las carnes (excluyendo pescado) está compuesto por 58 kg de vacuna, 44 kg de pollo, 4kg de cerdo y 2 de ovino/caprino.

Durante la etapa de retención, inevitable para pasar de faenar terneros a novillos, se espera que la oferta global caiga cerca de 150/200 mil Ton. Alcanzó niveles de 2.55/2,6  millones de ton res con hueso. Si durante ese período se duplicaran las exportaciones, pasando de 200 mil a 400 mil toneladas, la oferta destinada al mercado interno caería a niveles de 2,15/2,2 millones, lo que equivale a niveles de consumo/habitante/año entre 52 y 53 kg/habitante/año, que representa una disminución de unos 6 kg. Frente a esta reducción, las carnes de pollo y cerdo están en condiciones de suplir el faltante: 1,5 kg el cerdo (proceso en marcha) y  3,5 a 4 kg más el pollo, cuya capacidad de respuesta requiere prepararse con un anticipo de aproximadamente  6 meses. Implica, retención de mayor número de ponedoras e incremento de 200 gramos más de peso neto a faena.

Sin riesgos de faltante de proteína roja, pero con mermas de oferta de carne vacuna, habrá que comunicar a la opinión pública que, para recuperar stocks  e incrementar el peso de faena, inevitables para darle sustentabilidad a la cadena (trabajadores, producción e industria), el proceso requerirá entre 18 y 24 meses. Generado el cambio, los volúmenes disponibles permitirán recuperar el abastecimiento del consumo interno y capturar las oportunidades que ofrece el mercado internacional. Con ello, la cadena recuperará los más de 17 mil puestos de trabajo perdidos, los 20 mil productores caídos del sistema e incrementar significativamente el ingreso de divisas por exportaciones.

¿Qué requiere la cadena para producir el cambio, en el menor tiempo posible?

Básicamente trabajar en grandes líneas, como las que se detallan a continuación:



  1. Incrementar, vía estímulos y no por prohibiciones, la producción de carne a través del aumento del peso de faena y mayor número de terneros. Trabajos técnicos serios destacan que, alineando las políticas, la producción anual podría alcanzar las 4,5 millones de ton. res carne con hueso, dejando más de 2 millones de ton. para la exportación.  Serán imprescindibles: un esquema de desgravación impositiva a la venta de novillos, superiores a determinado kilaje, y disponer de instrumentos financieros para viabilizar el cambio de faena de ternero a novillos.

  2. Control del doble estándar sanitario, impositivo y previsional. Nueva Ley Federal de Carnes y  eliminación progresiva de la distribución de medias reses en las grandes ciudades. Para ello, será necesario contar un control comercial sólido y moderno (tipo GIPSA del USDA), una reforma impositiva con eliminación de impuestos distorsivos y recuperación de créditos fiscales, entre los que se destaca al IVA por inversiones.



  3. Derogación de las normas que restringen a las exportaciones, ROE´S, pre ROE´S, eliminación de retenciones, cupos, etc.

  4. Mejora de accesos a mercado, con fortalecimiento del SENASA como garante de sanidad animal e inocuidad de los alimentos y de los organismos responsables de las negociaciones internacionales

  5. Recuperación y crecimiento del trabajo formal y de calidad, de los productores que fueron desplazados del sistema, regenerar el arraigo de las familias en el interior y transferir a la sociedad los beneficios que promoverá una cadena motivada a desarrollar todo su potencial. 


        Nada de lo señalado es nuevo, ni imposible de lograr. A favor, juegan la demanda del mercado internacional, la disponibilidad de tecnología de probada eficacia y la calidad de los actores de la cadena. Se requiere alinear las voluntades y definir políticas de Estado de largo plazo, que eliminen los escollos que, lamentablemente, han impedido el desarrollo durante décadas. Nuevos aires comienzan a respirarse, esperemos que los vientos comiencen a orientarse en la dirección correcta. La cadena de carnes está en condiciones de ofrecer importantes beneficios a toda la sociedad.


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